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Con la mirada puesta en el 28 de julio: un giro económico o más migración

La Encuesta Encovi 2023 reveló que sólo el 20 % de los trabajadores labora en instituciones del Estado y tienen un ingreso promedio de 65 dólares, con una canasta alimentaria cuyo valor era superior a los 300 dólares Maracaibo 8 julio 2024

Por Francisco Fonseca/Escuela Cocuyo

Desde 2018 y tras la primera reelección de Nicolás Maduro mucha agua ha corrido. Pero una constante ha sido el bajo poder adquisitivo de la población venezolana en los últimos seis años.

En Maracaibo, capital del estado Zulia, José Gregorio Avillar, un obrero del sector público de 60 años, ha sido testigo fiel de cómo las decisiones económicas han impactado en su día a día desde entonces. Esto a pesar de que desde las presidenciales de 2012, en esta localidad la oposición ha ganado los comicios, salvo en 2018, cuando Maduro acudió a unas elecciones a las que no concurrió la oposición mayoritaria.

En plena crisis de hiperinflación y después de aplicar una reconversión monetaria, en agosto de 2018 y después de tres meses de la reelección de Nicolás Maduro, este bedel del Grupo Escolar Nacional “Ángel Álvarez Domínguez” vio cómo las contrataciones colectivas del sector público quedaron a un lado con la decisión gubernamental de fijar un salario mínimo anclado a la criptomoneda el petro, hoy desaparecida en medio de un escándalo de corrupción dentro de la estatal Pdvsa.

Avillar es el único sustento de su hogar, compuesto por su madre de 76 años, una hermana de 46 y los dos hijos del trabajador público, uno de 30 y otro de 32 años. Uno de ellos, es sordomudo, lo que requiere cuidados especiales y gastos adicionales. Su madre, además, sufre de hipertensión, lo que aumentaba las cargas médicas y económicas de la familia, en medio de la escasez de alimentos y fármacos que se acentuaron entre 2016 y 2019 en el país.

El peso del voto zuliano

Todo este panorama implica que en el plano electoral, el Zulia que es una de las plazas electorales más importantes de Venezuela. Tiene condiciones para inclinar la balanza el 28 de julio. Con un aproximado de 2,3 millones de votantes, según el politólogo Efraín Rincón, ganar en las presidenciales en la región es clave para cualquiera de los 10 candidatos presidenciales.

Maduro en 2018 fue el vencedor por la decisión opositora de no ir a los comicios, pero en el último proceso electoral, las regionales de 2021, el panorama cambió. La Plataforma Unitaria Democrática logró la gobernación con Manuel Rosales y 14 de las 21 alcaldías; otras seis quedaron en manos del Psuv y una fue para la oposición moderada.

Más atrás en el tiempo, en 2012, cuando el fallecido Hugo Chávez enfrentó a Henrique Capriles, el militar retirado obtuvo el triunfo en la entidad, pese a que perdió en Maracaibo y Lagunillas. Sin embargo, en 2013 cuando Capriles se midió con Maduro, tras la muerte de Chávez, los resultados se invirtieron. La oposición triunfó en Zulia y de ganar en dos municipios pasó a obtener el triunfo en siete municipios.

De allí la importancia tanto del chavismo como de la oposición mayoritaria por esta pieza codiciada de la corona electoral en los venideros comicios del 28 de julio, con un panorama económico complicado desde el 2015. De allí que la batalla por el voto en uno 3.500 centros de votación que había para 2021, tiene como uno de los retos conquistar esta región.

José Gregorio Avillar es obrero de la administración pública. Foto: Cortesía

Un desplome de la economía desde 2012

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) estimó una caída del Producto Interno Bruto (PIB) del 15% en 2018, lo que significó una reducción de la economía a menos de la mitad de su tamaño en comparación con 2013, el primer año de gobierno de Nicolás Maduro. La hiperinflación, la escasez generalizada de alimentos y medicinas, y la migración masiva de venezolanos en busca de mejores condiciones de vida conformaron un panorama hostil.

Este obrero, que ahora cobra 130 dólares al mes en forma de bonos, contó que tanto hace seis años como en la actualidad su salario no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Tanto en 2018 como en la actualidad, ante el poco dinero que percibe, lo completa con “marañitas”, lo que en Zulia se conoce como trabajos a destajo o medio tiempo, un rebusque en medio de las adversidades.

«Cuando no teníamos nada me sentaba en un pote a comer mangos o cómo lo bautizamos los zulianos los ‘quita ruidos’ porque en ocasiones no conseguía marañitas o a mitad de quincena no teníamos nada», relata.

Completa con algunos trabajos a destiempo de uno de sus dos hijos, la pensión de su mamá y los bonos que el gobierno asigna por el Sistema Patria.

Crisis económica es responsabilidad de Maduro

El economista y exministro de Finanzas del gobierno de Hugo Chávez, Rodrigo Cabezas, menciona que la crisis económica venezolana en el gobierno de Maduro tiene sus raíces en la exclusión del país del sistema financiero internacional.

Unas elecciones de 2018, realizadas en mayo, que desconoció buena parte de la comunidad internacional, entre ellos países como Estados Unidos y de la Unión Europea, dejaron al chavismo al margen por decisiones erradas de Maduro y su gabinete económico.

«En los últimos nueve años hemos experimentado la recesión económica más intensa de nuestra historia, y lo más grave es que fuimos expulsados del sistema financiero internacional debido a las políticas desacertadas del gobierno de Nicolás Maduro en el ámbito fiscal, monetario, cambiario y en la gestión de la deuda externa venezolana. Al punto que en este momento somos uno de los pocos países del mundo que se encuentra en situación de impago de la deuda externa, lo que se conoce como default de deuda, y esta deuda se ha incrementado hasta superar los 120 mil millones de dólares», menciona el también profesor de la Facultad de Economía de La Universidad del Zulia (LUZ).

Grupo Escolar Nacional “Ángel Álvarez Domínguez”, donde labora José Gregorio Avillar. Foto: Cortesía

Recesión, hiperinflación y escasez

Avillar lo experimenta en carne propia. Salario sin poder de compra, escasez en los anaqueles. Solo en septiembre de 2018, la ONG Comisión de Derechos Humanos del Zulia (Codhez) reflejó en su informe sobre la seguridad alimentaria que el 72 % de los productos de la cesta básica estaban ausentes de los supermercados de la entidad occidental.

Además, el incremento en medio de la erosión del bolívar y una reconversión que debió repetir Maduro en 2021, en 2018 los alimentos aumentaban de precio como un bólido de la Fórmula Uno. Por ejemplo, entre octubre y noviembre de ese año,  experimentaron un aumento promedio del 305%. Las arvejas (533%) y la harina precocida de maíz (479%) registraron las mayores alzas.

La pobreza se acentuó en estos años, con la pobreza extrema que rozó al 79% de la población, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (ENCOVI),, de la Universidad Católica Andrés Bello.

Cuando el país está a las puertas de unas nuevas elecciones presidenciales, el 28 de

julio de 2024, la posible reelección de Maduro no deja un buen escenario o perspectiva económica como estima Cabezas.

“Yo no veo perspectivas de crecimiento sostenible, ni de inversión sustentable, financiaciones extranjeras o la que puedan ser originadas por el sistema de crédito internacional que puedan reforzar la economía venezolana bajo la dirección de Maduro”, explicó.

Para él si hay un cambio de gobierno el panorama puede cambiar. Si la oposición triunfa las instituciones como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional podrán retomar relaciones con un país que avance hacia la reinstitucionalización.

“Tendremos la posibilidad de regresar al FMI, al BM, al Banco Internacional de Desarrollo, también la oportunidad de reestructurar la deuda externa, volver al mercado de bonos del mundo y solicitar un préstamo para la inversión de la nación y la industria petrolera sin desnacionalizarla”, pronosticó el economista.

Qué puede pasar el 28 de julio

Mientras que Avillar apuesta a un cambio, porque de lo contrario cree que la migración de venezolanos, situada en 7,8 millones de personas en el mundo, continuará su crecimiento.

Ahora, el gobierno intenta desdolarizar las compras, en medio del recelo del sector privado que desde que comenzó su aplicación en 2019 abrió una compuerta, pero también generó desigualdades entre quienes pueden acceder a las divisas estadounidenses y quienes como Villar sobreviven con el salario de la administración pública.

La Encuesta Encovi 2023 reveló que sólo el 20 % de los trabajadores labora en instituciones del Estado y tienen un ingreso promedio de 65 dólares, con una canasta alimentaria cuyo valor era superior a los 300 dólares.

Sin embargo, desde 2018, José Gregorio Avillar ha enfrentado con resiliencia las adversidades que atraviesa Venezuela. A pesar de las dificultades, continúa desempeñándose como obrero en el Grupo Escolar Nacional Ángel Álvarez Domínguez, a la espera de que el 28 de julio haya un giro que le permita mejorar sus condiciones de vida.

Este contenido es un producto del taller Cómo hacer una cobertura electoral de calidad en tiempos de desinformación, de la Escuela Cocuyo 2024, el programa de formación y actualización de Efecto Cocuyo.